Reseña Histórica

 

A principio de los años ochenta, y a petición de Isabel Usobiaga, el Dr. Jaime Tomás Iruretagoyena, ilustre psicoanalista ya desaparecido, comenzó a impartir en Madrid un seminario sobre psicosomática. Natural de Irún, Jaime Tomás se había formado como psicoanalista en Argentina, donde se analizó con Angel Garma, bilbaíno y primer psicoanalista español, exiliado como la familia de Jaime a consecuencia de la guerra. El Dr. Garma fundó la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) y desarrolló muchos trabajos intentando dar una explicación a diversas enfermedades somáticas a la luz del Psicoanálisis, lo que sin duda despertó el interés de Jaime Tomás por esta disciplina.

 

Por aquellas fechas, Jaime se había integrado en la Asociación Psicoanalítica de Madrid (APM), en calidad de docente. Animó a algunos de los asistentes al citado seminario a participar en el Congreso que en 1984 se celebraba en Barcelona y a que se pusieran en contacto con Pierre Marty, de quien era amigo personal. Así lo hicieron Isabel Usobiaga, Mikel Zubiri, Silvia Pérez Galdós y Antonio Pellico, de los cuales los dos primeros comenzaron poco después a hacer la formación IPSO de París.

 

En diciembre de 1986, coincidiendo con la celebración de las Iª Jornadas de Psicosomática, Pierre Marty viajó por primera vez a Bilbao. Este viaje se repitió en los años siguientes en varias ocasiones, dando lugar a un vivo interés, por su parte en el desarrollo del grupo de Bilbao, y a una relación muy estrecha con las personas que allí se interesaban por la psicosomática.

 

Pierre Marty (1918-1993) es el verdadero fundador de la clínica psicosomática moderna. Antes de la formulación de sus enunciados, la visión de padecimiento psicosomático era idéntica a la que se tenía del síntoma neurótico. Habís estudiado Medicina y Psiquiatría, formándose con Henry Ey, y su aproximación a la psicosomática vino propiciada por una serie de casualidades. El Dr. Gosset, cirujano de los Hospitales de París, se hallaba muy interesado por los trabajos que llegaban de América sobre el papel del psiquismo en los desórdenes somáticos. Queriendo integrar a un psiquiatra en su servicio de cirugía, pidió consejo al Dr. Delay, a la sazón jefe de Marty, quien le recomendó para dicho puesto.

 

Al poco tiempo Marty se dio cuenta de que sus conocimientos psiquiátricos no bastaban para comprender a aquellos pacientes. Animado por J. Ajuriaguerra, se interesó en el psicoanálisis, comenzando a analizarse en 1947. Cuenta Michel Fain, amigo y compañero suyo desde el Instituto, con quien sostenía un constante diálogo científico, que fue tal el entusiasmo que el psicoanálisis despertó en Marty, que le conminó a analizarse si quería seguir siendo un interlocutor válido para él.

 

Rápidamente se integró en la Sociedad Psicoanalítica de París (SPP), siendo admitido como miembro titular en 1954 y desarrollando diferentes cargos en la Sociedad.

 

Pierre Marty fue psicoanalista toda su vida y fue el conocimiento psicoanalítico, junto a su fina capacidad de observación y su afán investigador, la herramienta que le permitió desarrollar su propia teoría sobre la comprensión del enfermo psicosomático. Esta teoría, profundamente basada en la teoría freudiana, no obstante, en ocasiones se aleja de ella. Marty sostiene que hay una única energía, vital, que alimenta instintos y pulsiones de vida, no siendo la pulsión de muerte más que el desfallecimiento o la desorganización de esta pulsión de vida, opinión que, a su vez, es muy discutida en el seno de la comunidad psicoanalítica.

 

En el momento de comenzar Marty sus estudios, dos teoría se disputaban la interpretación de la enfermedad somática. Una de ellas sostenía la visión del cuerpo como pantalla de proyección de los conflictos psíquicos no resueltos; la otra, relacionaba directamente ciertos perfiles psicológicos con enfermedades determinadas. Frente a ambas, Marty plantea la enfermedad como el punto de fijación en el que se detiene la desorganización y a partir del cual el enfermo intentará reestructurarse.

 

Interesado desde siempre por la biología y las teorías evolucionistas desde la situación prenatal, que va a dar lugar a una integración progresiva y jerarquizada de las funciones y dinamismos mentales. El principio evolucionista permite comprender la noción de “desorganización” en aquellos casos en los que se presentan movimientos “contraevolutivos”. La evolución está jalonada por los acontecimientos que tienen lugar a lo largo de la vida del individuo y  que en ocasiones marcarán puntos de fijación en el organismo, en el soma, que servirán como “plataformas de regresión” y que, ante el movimiento contraevolutivo, desorganizador, funcionarán como diques que detienen dicha desorganización gracias a la enfermedad del órgano. Es decir, Marty concibe la enfermedad somática como un mecanismo de defensa (defensa somática), que entra en funcionamiento en el momento en que los mecanismos de defensa neuróticos (o psicóticos) resultan desbordados. “Los mecanismos de acción de la placenta, del sistema cardiovascular, más tarde de la respiración, de la piel, del aparato digestivo, después de la organización genital, por no citar otros, y sobretodo la línea de la sensoriomotricidad, aseguran (…) además de las funciones propias, un sistema de relación con el exterior. El edificio biológico humano, durante su construcción, puede ser profundamente transtornado por la incidencia de dificultades primitivas sobre las funciones fisiológicas de la relación”. Esto le lleva a abandonar la idea de describir auténticas estructuras psicosomáticas (con excepción de la “estructura alérgica esencial”) y a prestar una atención exquisita a la historia del paciente, a sus raíces, a sus conflictos familiares, influencias culturales y económicas, etc. “Los mecanismos que actúan son poco conocidos (…) Pero no sabríamos en ningún caso hablar de una elección (de órgano), ni siquiera inconsciente. Se trata de un determinismo profundo instalado en el período prenatal, en el nacimiento y en los primeros años de vida, determinismo que confundido a menudo con la herencia y con frecuencia próximo a ella, de la que se distingue no obstante, al menos de forma teórica”.

 

Realizó los primeros trabajos con Michel Fail y Simone Marty, más tarde con Michel de M’Uzan y Christian David, creando en 1962 la “Ecole de Paris”, a la que muy pronto se incorporarían Catherine Parat, Denise Braunschweig y Sami-Ali. A finales de Diciembre de 1972 creó el “Institut de psychosomatique” (IPSO). Consiguió el reconocimiento, por parte de la administración, de la importancia de la labor que el equipo llevaba a cabo, y el 3 de Abril de 1978 el HÔpital de la Poterne des Peupliers abrió sus puertas para recibir a los primeros pacientes (actualmente, dicho Hospital lleva el nombre de Pierre Marty). A consecuencia de la numerosa afluencia de pacientes, fue necesaria la apertura em 1984 de una unidad aneja –“Unité du Château”- en otro barrio de Paris.

 

Por otra parte, continuó la labor de formación, creándose nuevos grupos en diversos lugares de Francia y en otros países. En esta línea, en Bilbao, en 1987 comenzaron a impartirse cursos dependientes del IPSO y supervisiones de casos de pacientes psicosomáticos. El grupo fue creciendo y el propio Marty aconsejó a Isabel Usobiaga la creación de una sociedad que lo aglutinase. Así, el 12 de mayo de 1989 quedó constituída en Bilbao la Sociedad de Estudios Psicosomáticos Iberoamericana. El apelativo de Iberoamericana se debió a que en Buenos Aires, bajo la dirección de Carlos y Marta Calatroni se estaba formando otro grupo con el mismo enfoque teórico. La nueva sociedad comenzó su andadura bajo la presidencia del Dr. Jaime Tomás.

 

Desde entonces, han sido muchas las actividades que SEPIA ha desarrollado, sola o en colaboración con otras sociedades. Con ocasión de la celebración del III Congreso Hispano-Francés de Psicosomática (Bilbao 1999) y recogiendo los trabajos en ella presentados, nace la Revista Iberoamericana de Psicosomática,  de periodicidad anual, el último editado, del 2009, recoge los trabajos que se presentaron en el 5º Coloquio Internacional de Psicosomática, propuesto por  la Asociación Internacional de Psicosomática Pierre Marty y que nuestra Sociedad organizó en Barcelona el 31 de Enero y 1 de Febrero de 2009.

 

La obra de Marty es más rica y compleja que lo que el breve bosquejo ofrecido puede sugerir, es más, posiblemente estas líneas no arrojen mucha luz a quienes no estén familiarizados, un poco al menos, con el lenguaje psicoanalítico o con el estudio de la enfermedad mental. Nuestra intención es únicamente despertar la curiosidad y el interés entre los profesionales por esta nueva vía de aproximación al enfermo psicosomático y a la comprensión de su padecimiento. Vía que entendemos permite ampliar el arsenal terapéutico con el que nos enfrentamos a cada caso concreto, al añadir a la terapéutica médica tradicional indicada – y absolutamente necesaria -, la preocupación y el cuidado por el funcionamiento psíquico del paciente, cuyo desbordamiento o insuficiencia en un momento determinado de la vida del individuo puede ser el desencadenante del desarrollo de una enfermedad somática, o de su, a veces inexplicable, resistencia a todo tratamiento.